DOSSIER - Ranchera

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::Luis Miguel y las rancheras
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La canción mexicana
  
Es aquella en la que, con un lenguaje sencillo y cotidiano, se hace referencia al ambiente propio del rancho y su entorno, paisaje, tradiciones, indumentaria, gastronomía, oficios y faenas, relaciones sentimentales, estados de ánimo, etc. La estructura y desarrollo de la línea melódica en la canción ranchera son igualmente sencillos y sin mayores complicaciones armónicas o rítmicas. Esta forma de canción se ha dado por igual en los ranchos de todas las regiones del país conteniendo, algunas veces, características locales muy propias, y también ha sido punto de inspiración para innumerables compositores, empíricos o académicos, quienes aún sin ser rancheros de origen han abordado el tema con talento, ingenio y sensibilidad indiscutibles. Habrá que conceptualizar que la esencia de la canción ranchera radica básicamente en el texto y no en la indumentaria del intérprete o el grupo musical que le acompañe, pues en la actualidad se ha considerado, temerariamente, que todo cantante que porte indumentaria charra o folclórica y se haga acompañar por mariachi es, por ese sólo hecho, intérprete de ranchero aunque el repertorio que aborde -bolero, balada moderna, canción lírica, romántica, etc., generalmente con temas urbanos- sea muy ajena al concepto de lo ranchero. El mariachi, indudablemente una de las agrupaciones instrumentales más populares dentro y fuera de México, hace mucho tiempo que dejó de concretarse a interpretar exclusivamente la música de la región de su procedencia, pues sus integrantes se han preocupado por capacitarse técnicamente en la ejecución de sus instrumentos y como arreglistas para lograr una mayor versatilidad sonora y así, incursionar con acierto en diferentes géneros, modalidades y éstilos, desde su folclor original hasta la música académica de concierto. Por lo tanto, no será conveniente aplicar el calificativo de "ranchero" a todo lo que toca el mariachi -como ha ocurrido con el bolero, la balada, la cumbia, la salsa, el jazz, el pasodoble, etc.- pues se correría el riesgo de que cuando se interpretara "Poeta y Campesino" de Franz Von Supp'e, "La Luciérnaga" de Paul Lincke, "El Danubio Azul" de Johann Strauss o "Nereidas" de Amador Pérez, habría que anunciarlas como oberturas, y gavotas rancheras, o como vals y danzón rancheros. El Diccionario de Mejicanismos de Francisco J. Santamaría, Edit. Porrúa, S.A., México, contiene las siguientes definiciones que bien pueden orientar la cabal comprensión del tema: Rancho.- Hacienda o finca de campo, pequeña, modesta o humilde. /Sitio. Ranchero.- Campesino, labriego, habitante de un rancho. Campirano.- Hombre entrenado en las faenas del campo, y diestro en la equitación y en los ejercicios de lazar, colear y jinetear animales. Para las canciones que no son específicamente rancheras pero que se enmarcan en formatos y estilos nacionales quizá lo más adecuado será llamarlas vernáculas o típicas, atendiendo a las definiciones más usuales, como: Vernáculo.- De la propia casa o del propio país. Doméstico, nativo. Típico.- Propio de un sitio, persona o cosa. /Que corresponde a un tipo determinado. El antropólogo jalisciense Jesus Jáuregui señala que "durante el siglo XIX el mariachi era una tradición difundida por el Occidente de México por lo menos desde la actual Nayarit hasta Guerrero". Éste tenía distintas manifestaciones:
  • el mariachi-fandango, baile público de la gente del pueblo con música rústica al aire libre;
  • el mariachi, conjunto de músicos que tocan básicamente instrumentos de cuerda;
  • el mariachi-música sencilla que ejecuta sones y jarabes,
  • el mariachi-tarima, para bailar zapateado.
En el mariachi tradicional, la música tiene dos vertientes:
  • Religiosa (minaretes tocados principalmente para "despedir a los angelitos ")
  • Profana (sones y jarabes a los que se fueron incorporando valses, polkas, chotises, ("chotes"), mazurkas, jotas y costillas)
Los sones tienen modalidades que regionalmente se conocen como gustos, malagueñas, peteneras, huapangos, chilenas y valonas que a veces se combinan con corridos y canciones. Los valses, chotes y mazurkas también suelen tocarse en las iglesias alternando con minaretes, pero con un ritmo lento, a modo de oración, en contraste con el ligero de la fiesta popular. Recientemente, los grupos modernos han introducido en su repertorio baladas y boleros rancheros hasta piezas de corte clásico como Poeta y Campesino.
Hacia los albores del siglo XX los mariachis habían permanecido en su medio rural y el aprecio del público no pasaba de los vecinos de la localidad y su entorno cercano, pero en 1905 las cosas comenzaron a cambiar al considerarse al mariachi como un grupo pintoresco, típico de una región y por ende digno de presentarse en foros citadinos. En ese año los dueños de la Hacienda La Sauceda perteneciente a Cocula llevaron a México al mariachi de Justo Villa en el onomástico del presidente Porfirio Díaz y en las fiestas patrias, obteniendo gran éxito. Su indumentaria era la común del hombre de campo y el conjunto estaba compuesto por violines, vihuelas y guitarrones. A partir de 1906 un grupo llamado Cuarteto Coculense, tal vez el de Villa, hizo las primeras grabaciones de sones en Estados Unidos. En 1907, Porfirio Díaz ofreció un "garden party" en honor del secretario de estado norteamericano Elihu Root, en donde se supone que se presenta por primera vez como mariachi a un conjunto de ocho y que portara trajes de charro (a semejanza del que ya usaban las orquestas típicas porfirianas como la de Lerdo de Tejada) 
Luis Miguel
  
Después de la Revolución, ocurrió un doble proceso: por una parte grupos de música popular se concentraron en México y en otras grandes ciudades de provincia, y por otro lado aquellos con menos posibilidades se refugiaron en los pequeños poblados y rancherías. Para 1925, había en la capital del país numerosos grupos de cantadores, orquetas típicas y ejecutantes vernáculos provenientes de todas partes de la República, entre ellos un autor menciona expresamente a "los mariachis de Cocula, con su orquesta típica compuesta de violines, arpas, vihuelas, guitarras y voces y con un extenso repertorio de música del Bajío". Posteriormente, promovido por políticos jalisciences llegó a México el mariachi de "Concho" Andrade que trató relación con músicos del Conservatorio e intelectuales, quienes los apoyaron para realizar los primeros conciertos radiofónicos. A éste siguieron otros grupos que sufrieron algunos reveses por las prohibiciones de que tocaran en calles y plazas, sitios donde conseguían la clientela que garantizara su manutención. Esta situación terminó en 1940, con la orden personal del presidente Lázaro Cárdenas al jefe de la policía metropolitana para que "no se molestara más a los mariachis". Es entonces que se produce la separación del mariachi tradicional vinculado a la fiesta rural y pueblerina en que la música se acompaña del zapateado de sones y jarabes, del mariachi moderno o citadino con música sólo para ser escuchada y además empieza a percibirse la diferencia mientras el tradicional es lírico, el moderno prefiere a los músicos que "saben nota". La radio, el fonógrafo y más que nada el cine, al mismo tiempo que auspiciaron el desarrollo del mariachi moderno crearon el prototipo del "charro mexicano", muy vinculado a otras expresiones como palenques, jaripeos, ferias, tequila, pistolas, y amoríos, enmarcados por el indispensable mariachi. Basta recordar a los mariachis Vargas de Tecalitlán, al México de Pepe Villa, al Perla de Occidente, y al Marmolejo, entre muchos más que participaron en los filmes. La profusión y el éxito de este entramado de manifestaciones populares mexicanas, devino en la consolidación del mariachi moderno que ha integrado la trompeta a su dotación instrumental básica. En el estado de Jalisco, los centros turísticos más importantes -igual que en la ciudad de México y otras del país-, están pletóricas de grupos de mariachis que mantiene la línea iniciada por los compositores y cineastas que impulsaron y llevaron al mundo entero este movimiento músical. Paralelamente la permanencia de los mariachis tradicionales es resultado, como dice Jáuregui "del cariño y orgullo con que vive su herencia musical y la lealtad de su público".
Que el mariachi constituye uno de los símbolos de la cultura nacional es un hecho irrefutable y aunque las investigaciones recientes han demostrado que tiene un origen regional, que incluye desde Nayarit hasta Guerrero, a Jalisco le toca papel de crisol y de agente difusor del mariachi. De allí su identificación tan fuerte. Desde que el Mariachi llegado de Jalisco y más concretamente de Cocula, comenzó a ganar espacios en el ámbito nacional principalmente gracias a los medios de modernos de comunicación y al ser reconocidos por los músicos más cultos y los intelectuales en el contexto de las fuertes tendencias nacionalistas posrevolucionarias, se sucitó el interés por investigar más respecto a su nombre, a su cuna y a sus características originales.Había muchas preguntas por contestar. 

Y así, un día surguió la anécdota y con ella la posible etimología del Mariachi, que ha sido repetida y es repetida por locutores, periodistas, guias de turismo y hasta consignada en obras de historia, enciclopedias y diccionarios de prestigio. Esta versión supone que el mariachi deriva su vocablo del frances marriage, resultado de la respuesta a unos soldados franceses cuando, en aquellos aciagos días de la Intervención Francesa presenciaron la fiesta de boda de unos rancheros, animada por un rústico conjunto de músicos. Y se dice que preguntando el intérprete de qué se trataba, contesto: C' est un mariage (es un casamiento) y que desde entonces los franceses siguieron llamando así no a las bodas, sino a las orquestas de pueblo. Por supuesto, esta interpretación ha tenido numerosos opositores y en los últimos lustros, gracias al esfuerzo de muchos estudiosos entre los que sobresale el antropólogo jalisciense Jesus Jáuregui, esta versión va quedando sólo para el recuerdo de la historia del mariachi porque es insostenible. En efecto, hay testimonios documentales sobre la existencia del término, anteriores al Segundo Imperio. El autor citado dá cuenta de que en el libro de la Parroquia de Santiago Ixcuintla, Nayarit, entonces perteneciente a Jalisco hay una acta de defunción que data de 1832 referente a un niño originario de la comunidad Mariachi y por otro lado, Ramón Mata otro estudioso del tema, declara que en la Biblioteca Nacional está un documento que contiene la información que se ordenó recabar apenas consumada la Independencia para integrar la estadística de la nación. En 1838, la comisión responsable envió lo relativo a Tepic y en la enumeración de las quince localidades del primer partido del distrito, aparece la misma comunidad. Ya con relación a los grupos que hoy se conocen como mariachis, Jáuregui afirma que "durante el siglo XIX el mariachi era una tradición difundida por el Occidente de México por lo menos desde la actual Nayarit hasta Guerrero". Y explica que es una institución o costumbre general con diversas manifestaciones: el mariachi-fandango, baile público de la gente del pueblo con música rústica al aire libre; el mariachi, conjunto de músicos que tocan básicamente instrumentos de cuerda; el mariachi -música sencilla que ejecuta sones y jarabes, y el mariachi-tarima, para bailar zapateado. En cuanto a éstos, existen también numerosas pruebas documentales muy interesantes, unas anteriores a la Intervención Francesa y otras posteriores. Mencionaremos algunas: la primera es una carta -resguardada en el archivo de la Catedral de Guadalajara- que el cura de Rosamorada, Santiago Ixcuintla, Nayarit, dirige al obispo fechada el 27 de marzo de 1852 para informarle con gran disgusto que el Sábado de Gloria se hallaban en la plaza "dos fandangos, una mesa de juego" y hombres ebrios a pie y a caballo escandalizando con sus gritos; afirmaba el párroco que "esto es en todos los años" y que a esas diversiones "generalmente se le llaman por estos puntos mariachis". Añade que, habiendo intervenido para acabar con lo que él consideraba un grave desorden, el propio alcalde reunió dinero "para traer nuevos músicos que vinieran a formar un fandango que duro tres días". Lo importante de este documento no es sólo la fecha sino la descripción del asunto, la afirmación de que para entonces era costumbre añeja y de que la escancia del mariachi-fandango eran los músicos. Otro de igual relevancia es el diario de un padre Aguilar, que al relatar su estancia en Tlalchapan Guerrero, describe la fiesta de la Santa Cruz el 3 de mayo de 1859 con "las músicas o como allí se dice el Manache" integrado por arpas grandes, violines y tambora. A estos testimonios se agregan muchos otros que hablan de la música que tocaban los mariachis y de las tarimas que en sí representan un instrumento más por el rítmico zapateado con que son golpeadas. En el mariachi tradicional, la música tiene dos vertientes una religiosa y otra profana. En la primera lo común eran los minaretes tocados principalmente para "despedir a los angelitos " y en la segunda se interpretaban sones y jarabes a los que se fueron incorporando valses, polkas, chotises, ("chotes"), mazurkas, jotas y costillas. Los sones tienen modalidades que regionalmente se conocen como gustos, malagueñas, peteneras, huapangos, chilenas y valonas que a veces se combinan con corridos y canciones. Los valses, chotes y mazurkas también suelen tocarse en las iglesias alternando con minaretes, pero con un ritmo lento, a modo de oración, en contraste con el ligero de la fiesta popular. Recientemente, los grupos modernos han introducido en su repertorio baladas y boleros rancheros hasta piezas de corte clásico como Poeta y Campesino. Hacia los albores del siglo XX los mariachis habían permanecido en su medio rural y el aprecio del público no pasaba de los vecinos de la localidad y su entorno cercano, pero en 1905 las cosas comenzaron a cambiar al considerarse al mariachi como un grupo pintoresco, típico de una región y por ende digno de presentarse en foros citadinos. En ese año los dueños de la Hacienda La Sauceda perteneciente a Cocula llevaron a México al mariachi de Justo Villa en el onomástico del presidente Porfirio Díaz y en las fiestas patrias, obteniendo gran éxito. Su indumentaria era la común del hombre de campo y el conjunto estaba compuesto por violines, vihuelas y guitarrones. A partir de 1906 un grupo llamado Cuarteto Coculense, tal vez el de Villa, hizo las primeras grabaciones de sones en Estados Unidos. En 1907, Porfirio Díaz ofreció un "garden party" en honor del secretario de estado norteamericano Elihu Root. La crónica de El Mundo ilustrado hizo una amplia reseña del suceso y enfatizó: "Un mariachi jaliscience que vino exprofeso de Guadalajara, tocó sones y jarabes, y dos charros y dos tapatías estuvieron bailando al compás de las arpas y de los violines". Que sepamos, ésta es la primera vez que se presentaba como mariachi un conjunto de ocho, más numeroso que el usual y que portara trajes de charro a semejanza del que ya usaban las orquestas típicas porfirianas como la de Lerdo de Tejada. Después de la Revolución, ocurrió un doble proceso: por una parte grupos de música popular se concentraron en México y en otras grandes ciudades de provincia, y por otro lado aquellos con menos posibilidades se refugiaron en los pequeños poblados y rancherías. Para 1925, había en la capital del país numerosos grupos de cantadores, orquetas típicas y ejecutantes vernáculos provenientes de todas partes de la República, entre ellos un autor menciona expresamente a "los mariachis de Cocula, con su orquesta típica compuesta de violines, arpas, vihuelas, guitarras y voces y con un extenso repertorio de música del Bajío". Posteriormente, promovido por políticos jalisciences llegó a México el mariachi de "Concho" Andrade que trató relación con músicos del Conservatorio e intelectuales, quienes los apoyaron para realizar los primeros conciertos radiofónicos. A éste siguieron otros grupos que sufrieron algunos reveses por las prohibiciones de que tocaran en calles y plazas, sitios donde conseguían la clientela que garantizara su manutención. Esta situación terminó en 1940, con la orden personal del presidente Lázaro Cárdenas al jefe de la policía metropolitana para que "no se molestara más a los mariachis". Es entonces que se produce la separación del mariachi tradicional vinculado a la fiesta rural y pueblerina en que la música se acompaña del zapateado de sones y jarabes, del mariachi moderno o citadino con música sólo para ser escuchada y además empieza a percibirse la diferencia mientras el tradicional es lírico, el moderno prefiere a los músicos que "saben nota". La radio, el fonógrafo y más que nada el cine, al mismo tiempo que auspiciaron el desarrollo del mariachi moderno crearon el prototipo del "charro mexicano", muy vinculado a otras expresiones como palenques, jaripeos, ferias, tequila, pistolas, y amoríos, enmarcados por el indispensable mariachi. Basta recordar a los mariachis Vargas de Tecalitlán, al México de Pepe Villa, al Perla de Occidente, y al Marmolejo, entre muchos más que participaron en los filmes. La profusión y el éxito de este entramado de manifestaciones populares mexicanas, devino en la consolidación del mariachi moderno que ha integrado la trompeta a su dotación instrumental básica. En el estado de Jalisco, los centros turísticos más importantes -igual que en la ciudad de México y otras del país-, están pletóricas de grupos de mariachis que mantiene la línea iniciada por los compositores y cineastas que impulsaron y llevaron al mundo entero este movimiento músical. Paralelamente la permanencia de los mariachis tradicionales es resultado, como dice Jáuregui "del cariño y orgullo con que vive su herencia musical y la lealtad de su público". 

Luis Miguel y las rancheras
  
La siguiente es una lista de algunos de las rancheras que Luis Miguel ha interpretado.
  1. Amanecí en tus brazos de José Alfredo Giménez (El concierto, 1995)
  2. Amorsito corazón de jesús Camacho Villaseñor y Manuel Esperón González (Mis Romances, 2001)
  3. La Bikina de Rubén Fuentes (Vivo, 2000)
  4. Cucurrucucu Paloma de Tomás Méndez (Un año de conciertos, 1989)
  5. Echame a mí la culpa de Rodriguez (no grabada)
  6. El rey de José Alfredo Jiménez (El concierto, 1995)
  7. La media vuelta de josé Alfredo Jiménez (Segundo Romance, 1994) (El concierto, 1995)
  8. Mi ciudad, de Trigo (no grabada)
  9. Si nos dejan de José Alfredo Jiménez (El concierto, 1995)
 
RLM, 2001

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